Carteles, Clichés y Escapismo

 

Por  Jill Carattini*

En el año 2010 la Fundación “¡Adiós A Dios!” lanzó la campaña más grande de vallas publicitarias de pensadores libres, en la historia de Estados Unidos, esto lo hicieron en el corazón del llamado ‘Cinturón de la Biblia’ (Bible Belt, i.e.  una  zona al sur de los Estados Unidos  principalmente habitada  por cristianos fundamentalistas  protestantes). Letreros con slogans tales como  “Imagina un mundo sin religión”, “Quédate durmiendo los domingos” y “En la razón confiamos”(1) fueron instalados en varios lugares,  en un intento coordinado a nivel mundial para proyectar  una imagen positiva del ateísmo en la comunidad.

Una Campaña similar en Europa  pocos años antes, envió cientos de autobuses por toda Inglaterra, Escocia, Gales, y Barcelona con frases similares, la más famosa siendo “Dios probablemente no existe. Deja de preocuparte y disfruta tu vida.”(2)

La campaña de publicidad multimedia de 140,000 libras esterlinas (alrededor de  175,000 dólares) fue diseñada para traer consuelo a las personas que ante la probabilidad de que Dios no exista, enfatizaban un contraste positivo frente a los anuncios religiosos diseñados para incitar temor y necesidad de arrepentimiento. La campaña usó citas de autores influyentes que supuestamente han demostrado que abrazar el ateísmo, o por lo menos expresar escepticismo acerca de la existencia de Dios, trae libertad. Una de esas citas sugería que   “Un ateo se esfuerza por participar en la vida y no escapar a la muerte.” Otra cita del siglo diecinueve escrita por el humanista americano Roberto Ingersoll señala “¡El tiempo de ser feliz es ahora!”

Las reacciones a campañas como estas generalmente varían. Un letrero en Barcelona, en particular, provocó reacciones fuertes, llevando a algunos críticos a remarcar que representaba  “un ataque contra todas las religiones.”(3)

En Londres, hubo cristianos en ambos lados del debate: algunos se sintieron ofendidos – un conductor de autobús se rehusó a conducir su autobús al leer  uno de  los letreros instalados en el mismo  – y otros fueron más receptivos, viendo la campaña como una oportunidad para conversar sobre Dios. Carteles de esta naturaleza, escribió el director cristiano Paul Woolley, del equipo estratégico teológico Theos, “motivan a las personas a enfrentar la pregunta más importante que hemos de afrontar en nuestras vidas.”(4)

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El Cristianismo, de hecho, ha sido acusado por mucho tiempo de ser una muleta emocional para aquellos que son incapaces de aceptar las difíciles realidades de la vida, aquellos que necesitan un vehículo de escape que les lleve a otro mundo para evitar este. Para ser justos, el argumento  tiene cierto sentido. El cristiano ciertamente  se rehúsa a  aceptar las crueldades de este mundo como el status quo. Como los profetas, los cristianos saben muy bien que esta vida desfigurada por el cáncer, la injusticia, la pobreza, la corrupción, las lágrimas y la muerte no refleja la vida como esta debería de ser, como fue originalmente concebida por Dios. Más bien, la iglesia cree que la humanidad fue creada para algo más. Claro,  la tentación de simplemente engañarse a sí mismo es real y muchos caen en ella, escapando de este mundo, viviendo felices refugiados en círculos cristianos cerrados, aislados del mundo, mirando únicamente hacia arriba y nunca hacia los costados, creyendo que eso asegura una vida mejor. Esa clase de “cristianismo individual” en realidad no es nada más que una ilusión, una filosofía arrancada de su fundador que marcha por un camino ilógico.

¿Pero acaso no es cierto que el número creciente de ateos que insisten que la vida sin Dios es “liberadora” sucumben a una tentación similar, pretendiendo que la vida y la muerte aparenten ser mejores de lo que sus propias creencias sugieren? ¿Es la inexistencia de Dios un “consuelo”? realmente si eso implica que la vida ¿no es nada más que el aceleramiento del tiempo y la fuerza del azar, sin complejidades adicionales? Si no hay un ser divino, ningún creador del tiempo, nadie que escuche oraciones o que responda a los lamentos causados por injustica, ¿podemos realmente ser confortados, vivir despreocupadamente, alegremente incluso, en esta vida que conocemos? Macbeth fue mucho más honesto sobre la situación de la humanidad si esta es nuestra realidad:

“¡extínguete, extínguete, fugaz antorcha!

La vida no es más que una sombra que pasa, un pobre cómico,

Que se pavonea y agita  una hora sobre la escena,

Y después, no se le oye más. Un cuento

narrado por un idiota con gran aparato, y que nada significa”.

Podemos tratar de maquillar nuestra cosmovisión del mundo, pero al final siempre nos veremos confrontados con lo que ello implica. Cualesquiera sean nuestras creencias, cualesquiera los carteles pintorescos que capten nuestra atención, debemos insistir sus premisas hasta sus lógicas consecuencias finales.

Resulta lamentable, así, que tanto cristianos como ateos hayan llegado a ver al creer en Cristo como simplemente una forma de escape a otro mundo, una filosofía para otro tiempo, una religión que meramente trata de asustarnos en el presente para asegurarnos el bien en el futuro. El cristiano no está llamado a  ser una especie de turista andando por la vida en un vehículo de escape, haciendo sonar  alarmas por todos lados. Es claramente lo contrario: el cristianismo promete vistazos hacia la próxima vida, la nueva creación, un nuevo reino del cual podemos tener chispazos aún ahora y regalos que valen la pena buscar, es como buscar un tesoro perdido. Podemos vivir como personas transformadas por la humanidad de Cristo en toda Su plenitud, y lamentarnos como humanos del presente sin dejar de anhelar lo que está por venir. La fe en Dios no es una fuente de preocupación, como sugieren los autobuses y carteles (y quizás algunos cristianos), ni es un obstáculo que nos impide disfrutar de  la vida. Muy por el contrario, su fe le da al cristiano una vida verdaderamente como la de Cristo – plenamente humana, plenamente viva.

Ya sea que seamos cristianos o ateos, pensadores libres o  “pobres cómicos”, como decía Shakespeare, debemos tener cuidado de no levantar carteles que sugieran que nuestras creencias prometen algo más de lo que realmente contienen.

 

*Jill Carattini es la editora de A Slice of Infinity, del Ministerio Internacional de Ravi Zacharias en Atlanta, Georgia.

(1) “Atheist Activists’ Biggest Billboard Campaign Targets Atlanta,” September 10, 2010, http://newsmax.com, accessed September 10, 2010.

(2) Ariane Sherine, “The Atheist Bus Journey,” January 6 2009, http://guardian.co.uk, accessed January 12, 2009.

(3) Giles Tremlett, “Atheist Bus Ad Campaign Provokes Bitterness in Barcelona,” January 7, 2009, guardian.co.uk, accessed January 12, 2009.

(4) Maria Mackay, “Atheist Bus Ads Say ‘Probably No God’” January 6, 2009, http://christiantoday.com, accessed January 12, 2009.

Traductor voluntario:  Jahdiel Perez

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