¿Cómo prosperar y alcanzar la plenitud en nuestros trabajos en el siglo XXI?

Por Max Jeganathan*

Foto por Product School en Unsplash.

Este artículo fue publicado originalmente en Salt & Light el 14, de noviembre de 2018.

La película Madagascar muestra en la escena inicial a Marty, una cebra entusiasta, sufriendo una crisis de identidad. Marty, al igual que sus tres compañeros -Gloria el hipopótamo, Melman la jirafa y Alex el león- espera más de la vida. Lo que desea es florecer, prosperar… es más, su trabajo como la cebra emblemática en el zoológico del Parque Central de Nueva York no le proporciona el sentido de plenitud que su corazón anhela.

No es difícil simpatizar con la situación de Marty. El anhelo de una vida plena es universal en el corazón humano.

A pesar de que la «plenitud» se puede definir de formas ligeramente distintas, el anhelo de una vida plena es universal en el corazón humano, y es en el trabajo donde muchos de nosotros buscamos la plenitud.

Pero ¿qué es la «plenitud»?

Es una pregunta que la humanidad ha debatido durante milenios, y ciertamente no pretendo darle respuesta aquí. Sin embargo, hay ciertas cosas que razonablemente podemos afirmar acerca de la plenitud.

Los paralelos entre el desasosiego de Marty y el nuestro apuntan al menos a tres componentes centrales de la plenitud:

  • Descubrir un sentido de pertenencia
  • Descubrir el sentido de las cosas
  • Descubrir un propósito

Si bien hay diferentes maneras de definir cada uno de éstos, de alguna forma todos intentamos pertenecer, que nuestros logros sean reconocidos, así como encontrar y cumplir nuestro propósito. El obstáculo es que cuando intentamos hacerlo por nuestra cuenta, inevitablemente nos topamos con problemas.

Los tres pilares

La narrativa secular predominante conduce a las personas a rechazar a Dios y buscar dentro de sí mismas las respuestas a estos tres pilares de la plenitud. Se nos insta a buscar una tribu a la cual pertenecer, a ser exitoso para así darle sentido a la vida, y al auto descubrimiento con el objeto de encontrar nuestro propósito.

Cuando rechazamos a Dios, debemos aceptar las consecuencias de la plenitud que creamos. A fin de cuentas, todo esto depende de nosotros y generalmente se materializa en nuestro lugar de trabajo. El problema, por supuesto, es que ese enfoque no funciona. Aquellos de nosotros que centramos nuestras vidas exclusivamente en el trabajo acabamos exhaustos, desanimados o insatisfechos, o alguna combinación de estas tres.

La evidencia es contundente. Gracias a la tecnología de comunicaciones, nos encontramos más interconectados que nunca, pero estamos más solitarios de lo que jamás hemos estado. Trabajamos con ahínco para forjar hogares, cuentas bancarias e identidades para beneficio propio, pero el significado de ello es esquivo. Buscamos respuestas dentro de nosotros mismos, pero todo lo que encontramos son más preguntas.

La respuesta es clara.

Cuando rechazamos a Dios, debemos aceptar las consecuencias de nuestro propio progreso y plenitud. Como resultado, nos vemos obligados a fundar nuestro sentido de pertenencia, nuestra valía y nuestro propósito a dos cosas que son esencialmente poco fiables: nuestros propios esfuerzos en el trabajo y la volatilidad del entramado cultural, político, económico, social y moral creado por el hombre.

Dotado de divinidad 

Nuestra experiencia individual y colectiva hace evidente una verdad revolucionaria: que el sentido de pertenencia debe estar anclado en lo trascendental, que el significado debe estar fundamentado en lo eterno y que el propósito debe estar dotado de divinidad.

Si consideramos estas tres verdades, el mensaje del cristianismo cobra vida.

El mensaje de Jesucristo es el único en el que el perdón, el significado y el propósito divino se ofrecen sin reserva, junto con la adopción en la familia eterna de Dios.

A través de él, se nos promete la pertenencia eterna, la identidad duradera y un propósito dotado de divinidad.

El hecho de que esta extraordinaria invitación se hace sin reservas a través de una gracia incondicional, simplemente agrega una cereza experiencial al helado existencial.

Como Marty la cebra lo descubre, la verdadera plenitud no surge desde adentro, viene de afuera, y está anclada no en nuestro esfuerzo sino en una relación.

Todos somos acreedores a ese ofrecimiento incondicional de una relación amorosa con nuestro Dios Creador a través de la persona de Jesucristo. A través de él, se nos promete la pertenencia eterna, la identidad duradera y un propósito dotado de divinidad. Ese propósito —una relación amorosa con Dios mismo— es lo que a menudo se nos escapa de las manos en medio de la bruma de nuestra auto realización fallida.

Es este propósito dotado de divinidad al que se refiere el gran pensador y escritor San Agustín cuando escribe de forma tan estupenda: «Nos creaste para ti y nuestro corazón andará siempre inquieto mientras no descanse en ti».

Al igual que Marty, quizás deberíamos aceptar la realidad de que, en cualquier forma que sea, no somos capaces de controlar nuestro entorno o nuestras circunstancias –ni en el trabajo ni en cualquier otro lugar.

Sin embargo, tenemos esa increíble oferta de la plenitud a través de una relación con Dios en medio de la volatilidad de un mundo caído.

Dios mismo vino al mundo —como Jesucristo— a morir en una cruz por nosotros, para darnos el perdón que no merecemos, la relación que tan profundamente anhelamos y la plenitud que nuestro corazón busca.

Al encontrar los desafíos, éxitos y oportunidades en el trabajo que trae este año, hay que recordar lo siguiente: la clave para prosperar en un trabajo en siglo XXI  es comprender que la verdadera plenitud no se logrará en ese sitio de trabajo.   

Nuestra única esperanza de una verdadera plenitud, es a través de una relación con Jesucristo. Una vez establecida esa relación, quedamos libres de aceptar desafíos, disfrutar de los éxitos y soportar fracasos en el trabajo, con la certeza de que nuestro sentido de pertenencia, valía y propósito están anclados en el corazón amoroso de Dios.

 

*Max Jeganathan es el Director Regional de RZIM en Asia – Pacífico https://www.rzim.org/speakers/max-jeganathan

 

Traductor Voluntario: Enrique Treviño

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