El Problema de la Proximidad

Por Nathan Rittenhouse*

¿Cuándo fue la última vez que contemplaste la Vía Láctea? Vivimos en un planeta que tiene una vista estelar del firmamento nocturno. Los antecedentes históricos indican que desde sus primeros albores el ser humano ha estado estudiando la extensión infinita sobre nosotros y ponderando su trascendencia. A pesar de que todos podemos atisbar las profundidades sobre nosotros en realidad es probable que desde hace mucho no hemos visto con claridad el cielo nocturno. La razón es la siguiente. Ante todo, muchos viven en lugares con un grado de contaminación que oculta a la vista cualquier cosa más allá de lo que hemos creado. La segunda razón es que empleamos nuestro tiempo agachados consumiendo el producto digital de nuestros dispositivos en lugar de inclinarnos hacia atrás y disfrutar de la majestuosidad que se extiende más allá de nosotros. La tercera y última razón es el problema de la proximidad. La razón por la que la gran mayoría no podemos ver claramente las estrellas es debido a la contaminación lumínica. No podemos estudiar el firmamento debido a la luz que constantemente nos rodea. Muy pocos nos encontramos en la oscuridad absoluta ya que siempre hay luz cerca de nosotros, hasta en nuestros bolsillos.

Es un tanto absurdo. Considera que hay miles de estrellas visibles sobre tu cabeza que son indescriptiblemente brillantes y, sin embargo, no las puedes ver debido a que hay un farol en la calle a seis metros de distancia cuya brillantez es una fracción insignificante de una sola de esas estrellas.  Existe un mundo de esplendor indescriptible brillando sobre mí al cual los antiguos atisbaban durante años y, sin embargo, yo no puedo ver el reflejo de esa belleza gracias a la tenue luz de mi celular. Mi habilidad para ver esta belleza no es un problema de la brillantez de las luces, el problema radica en mi proximidad a luces menos brillantes.

Vincent van Gogh, Noche estrellada, oleo en lienzo, 1889.

 

Las enormes luces no se imponen,  atraen nuestra atención desde la distancia, y esto significa que con frecuencia quedan relegadas al margen de mi conciencia por las pequeñas luces de la vida diaria. En esto consiste la contaminación lumínica.

No hay por qué culpar la invisibilidad de las grandes luces a la distancia. Eso sería también absurdo. De hecho, es un gran beneficio vivir a una distancia considerable de una estrella. Si estuviésemos mucho más cerca de la estrella más próxima, el sol, nos incineraría en un fuego incontenible. Me encanta ver el sol, pero no me gustaría viajar a él. Me causaría demasiado dolor.

Con frecuencia la gente pregunta ¿Por qué Dios no es más evidente? Podría ser la contaminación. Podría ser el pecado. Podría ser que las consecuencias de todo el quebranto que hemos causado en este mundo nos impida ver cualquier cosa más allá de lo que hemos creado. Podría ser que gastamos la mayoría de nuestro tiempo distraídos en nuestros problemas diarios en lugar de reclinarnos hacia atrás y considerar si acaso existe Uno más grande que nosotros que lo trasciende todo y soluciona nuestros problemas.   Podría tratarse del problema de la proximidad. La majestuosidad de Dios todopoderoso resplandece en la creación y en nuestros corazones, pero palidece ante las pequeñas luces que nos instigan a alabarlas.

Es un tanto absurdo. Hay que pensarlo un momento, existe un Dios todopoderoso que es el fundamento del amor y que ama eternamente y, sin embargo, no lo puedo ver debido a los amores en mi entorno que corresponden a una fracción insignificante del amor divino. Hay un Dios eterno y omnisciente que desea que lo conozca como Dios, pero no puedo entenderlo y Dios parece distante porque no puedo constatarlo según mi definición de conocimiento.

La Luz Eterna, el que se especializa en crear orden del caos, no se impone de inmediato.  Dios me habla en mi libre albedrío, pero el caos de mi vida con frecuencia relega su voz al margen de mi conciencia. En eso consiste la contaminación lumínica.

De hecho, es una gran bendición a corto plazo vivir a una distancia considerable del Dios sagrado.  Si estuviésemos más cerca probablemente seríamos incinerados por la luz incontenible de la santidad Divina. Me complace ver a Dios pero estar frente a Dios me hace titubear. Podría causarme mucho dolor. Y, sin embargo, parece ser que fui creado para «estar con Él» y para ser «conocido por Él». El problema de la proximidad aparentemente es un problema dual. No puedo ver con claridad cuando me encuentro cerca de las luces pequeñas y tampoco puedo vivir muy cerca de la gran luz. Para poder vivir efectivamente, Dios debe venir a mí en una forma que yo pueda soportar, o Dios debe hacer algo conmigo para permitirme soportar su presencia. O podrían ser ambas cosas. Después de todo, aquel al que «han tocado nuestras manos» dijo de Él mismo «soy la luz del mundo».

*Nathan Rittenhouse es miembro del equipo de redacción de Ravi Zacharias International Ministries.

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Traducción Voluntaria Enrique Treviño

Adaptación Angela Martinez Seminario

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