La Muleta o La Cruz

 

*Por Simon Wenham

 

En su libro Mere Apologetics (Mera Apologética), Alister McGrath señala que «una de las críticas más familiares al cristianismo es que ofrece consuelo a los perdedores de la vida». (1) Los creyentes a menudo son caricaturizados como débiles e ingenuos, el tipo de personas que necesitan su fe como una “muleta” solo para ir por la vida. En la literatura del nuevo ateísmo, esta representación a menudo se contrasta con la imagen de un ateo intelectual y fuerte que no tiene necesidad de -infantiles, pero a la vez reconfortantes- tonterías. Este tipo de representación puede resonar con algunos, pero ¿realmente tiene sentido? (2)

En primer lugar, es útil definir qué entendemos por «muleta». En un entorno médico, la palabra significa obviamente un implemento utilizado por las personas para recibir soporte cuando se lesionan. La analogía implica, por lo tanto, que aquellos que lo necesitan son de alguna manera deficientes o heridos. En cierto sentido, es bastante obvio que los más vulnerables pueden necesitar apoyo, pero como lo señala el agnóstico John Humphrys, “¿No lo hacemos todos? Algunos usan alcohol en lugar de la Biblia”. (3) Como esto sugiere, no se trata tanto de si tienes una muleta, sino más bien de cuál es tu muleta en particular. Este es un punto importante, ya que las personas se fían de todo tipo de cosas para su comodidad o autoestima, desde posesiones materiales, dinero, comida y estética hasta cigarrillos, drogas, alcohol y sexo. En lugar de ser vistos como signos de debilidad, muchos de ellos incluso se consideran relativamente normales en la sociedad, siempre que no se conviertan en el comportamiento destructivo asociado con una fuerte adicción. Sin embargo, muchos de estos solo ofrecen una liberación a corto plazo de las luchas de la vida y, a veces, solo cubren problemas más profundos que una persona podría estar sufriendo. Por lo tanto, sugerir que los ateos son de alguna manera más fuertes que los creyentes es negar el lado más oscuro de la humanidad, lo cual es demasiado evidente si observamos el mundo que nos rodea. Como lo explica McGrath:

“Si tienes una pierna rota, necesitas una muleta. Si estás enfermo necesitas medicina. Así es como son las cosas. La comprensión cristiana de la naturaleza humana es que estamos inherentemente dañados, heridos y discapacitados por el pecado. Así es como son las cosas”. (4)

Vincent van Gogh, Ward in the Hospital at Arles, óleo sobre lienzo, 1889, Oskar Reinhart Foundation, Winterthur, Suiza.

 

Además, Agustín de Hipona comparó a la iglesia con un hospital, ya que está llena de personas heridas y enfermas en proceso de curación. (5) Como en el caso de cualquier enfermedad, este tratamiento no puede comenzar, sin embargo, hasta que alguien lo haya admitido. Están enfermos o necesitan ayuda. Hay mucha evidencia que sugiere que las creencias religiosas tienen un efecto ventajoso tanto en la salud mental como en la física. Andrew Sims, ex presidente del Colegio Real de Psiquiatras, escribe que un «gran volumen de investigación» confirma esto, lo que lo convierte en «uno de los secretos mejor guardados en psiquiatría y medicina en general». (6) En una cultura que a menudo parece exaltar la salud, el bienestar y la felicidad por encima de otras cosas, esto hace parecer que las creencias religiosas sean muy atractivas para los débiles y para los fuertes en la sociedad.

Muchos creyentes dan testimonio del efecto transformador que ha tenido el convertirse en cristiano en sus vidas, y esto puede incluir el ser liberado de algunas de las muletas en las que previamente habían dependido. Sin embargo, la idea de que llegar a la fe de alguna manera te libera o empodera, es por supuesto un anatema para muchas personas. El difunto Christopher Hitchens, por ejemplo, escribió acerca de la naturaleza totalitaria del cristianismo que mantiene a sus seguidores en un estado de constante sumisión. (7) G.K. Chesterton lo pone de manera diferente cuando sugiere que la «dignidad del hombre» y el «la pequeñez del hombre» se mantienen en perfecta tensión, permitiendo a las personas tener un fuerte sentido de autovaloración sin volverse arrogantes. (8)

Y sin embargo, Dios claramente ofrece mucho más que esto. En 2 Corintios 12: 9 dice: “Con mi gracia tienes más que suficiente, porque mi poder se perfecciona en la debilidad.” La idea de la fuerza que fluye de la debilidad humana puede parecer contraria a la intuición de la cultura actual adversa al riesgo, pero como Simon Guillebaud señala: «Paradójicamente, nuestra bandera blanca de rendición a Dios y su derecho sobre nuestras vidas es la clave que abre la puerta a muchas futuras victorias en Su nombre». (9) Sin embargo, como observó C.S. Lewis, la gente seguirá eligiendo aferrarse a sus muletas, aunque se les ofrezca algo mucho mejor:

«Somos criaturas sin entusiasmo, jugando con la bebida, el sexo y la ambición cuando se nos ofrece un gozo infinito; como un niño que hace pasteles de barro porque no puede imaginar lo que significa el ofrecimiento de vacacionar en el mar. Nos complacemos con demasiada facilidad». (10)

Puede ser útil, por tanto, reflexionar sobre en qué realmente dependemos en nuestras vidas y sobre el impacto que tienen estas cosas sobre nosotros. Como nos recuerda el blogger, antes ateo, Daniel Rodgers, no queremos perdernos de la vida plena que Dios nos ofrece a todos, ya sea que creamos que la necesitamos o no:

“La verdad del asunto es que Jesús nunca ofreció una muleta, solo una cruz; No fue un llamado a ser una mejor persona con una autoestima alta o un plan para ayudarnos a sobrevivir nuestra existencia. Fue un llamado a reconocer que el perdón que todos buscamos se encuentra en él al seguirlo a la cruz … Es porque el cristianismo es cierto que tiene algo que ofrecer a cada persona en cualquier circunstancia, independientemente de sus antecedentes o capacidades intelectuales.” (11)

*Simon Wenham es el coordinador de Investigación para Ravi Zacharias International Ministries en Europa.

Traductora Voluntaria: Mariela Benites

(1) A. McGrath, Mere Apologetics (Grand Rapids, 2012), 167.

(2) Article adapted from Simon Wenham’s “Is Christianity Just a Crutch?” Pulse, Issue 10 (Spring 2012), 14-16.

(3) J. Humphrys, In God We Doubt (London, 2007), in J. C. Lennox, Gunning for God (Oxford, 2011), 24.

(4) A. McGrath, Mere Apologetics, página 170.

(5) Idem.

(6) A. Sims, Is Faith Delusion? (London, 2009), in Lennox, Gunning, 77-78.

(7) C. Hitchens, God Is Not Great (London, 2007), 232-234.

(8) G. K. Chesterton, Orthodoxy (Chicago, 2009), 143.

(9) S. Guillebaud, For What It’s Worth (Oxford, 1999), 171.

(10) C. S. Lewis, The Weight of Glory and Other Addresses (Grand Rapids, 1949), 1-2.

(11) D. Rodger, “Is Christianity a Psychological Crutch?” (de www.bethinking.org).

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