Octubre: Mes de Apreciación al Pastor, artículo por Ravi Zacharias

Nuestros guías son una dádiva de Dios: el mes de reconocimiento al pastor

«El mundo ha cambiado, las iglesias han cambiado, las expectativas han crecido y las preguntas se han intensificado, y el papel del pastor es más necesario que nunca». Ravi Zacharias comenta, por este mes dedicado al reconocimiento de los Pastores, acerca del papel vital de éstos.

 

*Por Ravi Zacharias

Octubre es el mes de reconocimiento al pastor en Estados Unidos, y a quien sea que se le ocurrió la idea merece ser elogiado. Como todo lo demás que encontramos en las noticias, las novedades que anuncian los titulares son de fracasos. Con cuánta facilidad dejamos pasar desapercibidos los innumerables y hermosos ejemplos y éxitos de aquellos que trabajan en esta vocación con un corazón sincero.

Por mi parte, siempre he considerado que ser pastor es uno de los llamados más difíciles de nuestros tiempos. Mi vida como itinerante es menos rigurosa que la de un pastor. El mundo ha cambiado, las iglesias han cambiado, las expectativas han crecido y las preguntas se han intensificado, y el papel del pastor es más necesario que nunca.

Recuerdo que hace años tuve la oportunidad de ver a un pastor entrenar Border Collies para pastorear ovejas en un redil. Fue fascinante. Los Border Collies son mi raza de perro favorita, y en general se les considera una de las razas más inteligentes. Al observar el proceso aprendí lo difícil que es entrenar a un Border Collie.

Un pastor religioso en nuestros días quizá no se sienta halagado cuando se le compara con un Border Collie, pero creo que quien sea que se dedique al pastoreo de personas debería sentirse halagado. En este momento, en el que han desaparecido los límites y hay expectativas cambiantes dentro del «redil», es difícil guiar a cualquiera. Dios nos dice que incluso el buey conoce a su dueño y el asno el pesebre de su amo, «pero Israel no conoce […]» (Isaías 1,3). Somos las ovejas más difíciles.

Con los años, las responsabilidades del pastor han cambiado. No solo se espera que él esté allí para los nacimientos, bautizos y fallecimientos, sino para toda pregunta que tenga esta turbulenta generación. Los hogares cristianos están en riesgo, y la juventud lucha contra la desesperanza. Las preguntas que se le hacen al pastor hoy en día están repletas de angustia y emoción y, me atreveré a decir, los prejuicios de nuestra época. La misma palabra «moralidad» se ha vuelto contenciosa. En nombre de la tolerancia, nuestra cultura relativista ha demostrado su verdadero carácter al convertirse en la generación más intolerante. Promocionando el prejuicio como la cúspide del pecado, esta generación es la más prejuiciosa que he visto en toda mi vida. Y la punta venenosa de sus espadas reserva su peor ponzoña para las personas de fe. ¿Cómo puede hacer su parte un pastor? En el pasado, consolar y alentar era más fácil que en el actual desafío posmoderno, con su inquietud y su animosidad intelectual y existencial.

Recuerdo que una persona me dijo hace años que le había dicho a su pastor, «Usted es el único cuya predicación escucho, así que por favor no se equivoque». Esa declaración me conmovió: «¡Por favor, no se equivoque!». Ese es un requerimiento a un ser humano que comparte las mismas debilidades que el resto de nosotros. Este mes especialmente, debemos recordar a nuestros pastores con la oración. Necesitan la disciplina de un atleta profesional, el intelecto de un erudito ejemplar y el espíritu de sacrificio de un santo venerado. Y más aun, se espera que cuide de su propia familia mientras responde preguntas y satisface las necesidades de decenas de familias. Se espera que sean un modelo de padre, de esposo y de orador, mientras que el cúmulo de necesidades del pueblo que aman y sirven drena constantemente sus yacimientos. Se espera que prepare grandes sermones, y a la vez estará disponible veinticuatro horas al día, los siete días de la semana para cualquier emergencia. Sus horas de trabajo nunca terminan. Pablo, en su discurso de despedida a los presbíteros de Éfeso, en Hechos 20, muestra su corazón de pastor. Es un pasaje conmovedor.

Hace unos días, me encontraba revisando mis notas con un pastor intérprete antes de dar un mensaje. Se puede decir que, literalmente, ha interpretado para reyes y gobernantes. Después que terminé de detallar el mensaje, me dice él: «Hermano, por favor ora por mí. Estoy pasando por un momento muy amargo en mi vida. Necesito tus oraciones», y sus ojos se llenaron de lágrimas. Oramos juntos. Estar en una plataforma no te ampara de los peligros del ruedo. ¿A quién acude un pastor para ser pastoreado?

John Stott dijo una vez que el pastoreo cambió cuando el letrero en la puerta del estudio del pastor cambió de «Estudio del Pastor» a «Oficina del Pastor». Stott tiene razón. Lo cierto es que ambos son parte de la vocación de un pastor. Liderar al grupo bajo su dirección y ejercer la integridad fiscal son parte de su labor oficial… Pero ministrar la Palabra exige un estudio serio. No podemos establecer un cristianismo tibio junto a un escepticismo abrasador. Trabajar en el ministerio requiere comprender los tiempos y saber qué hacer. Cada año me reúno con muchos Pastores, y muchos de ellos están desanimados y sin embargo siguen adelante.

Se cuenta la historia de una batalla en la que  un joven soldado le dice a un soldado más viejo, «Tienes miedo, ¿verdad?».» Y el viejo le responde, después de una pausa, «Sí. Y si tuvieras la mitad del miedo que yo tengo ya te habrías largado». La verdad es que no es la ausencia de conflicto interno lo que hace que uno siga en la lucha, sino la convicción de que Aquel que se encuentra en nosotros, es más poderoso que el que rige el mundo. La batalla siempre estará presente. Los que verdaderamente han sido llamados permanecerán en el sendero, y algún día escucharan el elogio divino: «Bien hecho».

Me gustaría pedirles a todos aquellos que son miembros de una iglesia que escriban una nota agradeciéndole a su pastor, ser el guía de las ovejas de su rebaño. Tendrá gran significado. Las malas noticias son atractivas porque el mal es seductor. No es fácil encontrar buenas noticias, pero son aquellos que reparten bendiciones donde quiera que se encuentren quienes cosechan para sí la gracia. Nunca hay escasez de críticos. La crítica es la actividad más fácil del mundo, pero construir a un individuo, o algo hermoso, requiere carácter.

A todos aquellos que me pastorearon en mi juventud les debo una deuda que no puedo pagar. Les agradezco su cuidado y su dirección, y no haberse dados por vencidos.  Pongámonos de pie y llamémoslos benditos.

*Ravi Zacharias

Traducción Voluntaria: Enrique Treviño

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