Presagios de Semana Santa

Una reflexión acerca del incendio en Notre Dame en Paris, el 15 de Abril de 2019

Por Cameron McAllister*

 

La escena de la catedral de Notre Dame envuelta en llamas parecía algo sacado de una historia postapocalíptica. El hecho de que el desastre haya tenido lugar durante la Semana Santa hizo difícil no verlo en términos simbólicos. Pero, por supuesto, nuestras formas modernas de vigilancia permiten observar cómo la situación se desenvuelve en tiempo real, y pronto el daño se volvió demasiado real. El colapso del campanario fue un momento especialmente estremecedor.

Crecí en Viena, Austria, una nación que como Francia, es en gran parte laica, pero que también posee una rica herencia católica. Al igual que Francia, Austria también está llena de iglesias antiguas, y estas maravillas arquitectónicas atraen a personas de todo el mundo. Aunque comprensible, hay un aspecto inquietante en estas distintivas peregrinaciones modernas. La mayoría de estas personas son turistas, no fieles devotos, y están aquí, con el teléfono en la mano, haciendo crónica de las extrañas reliquias (las fuentes bautismales, las escenas arcaicas representadas en los vitrales, el altar) de una época ya pasada. Para muchos, estas iglesias son poco más que museos.

Por esta razón, fue especialmente alentador ver a una gran multitud rezando oraciones y cantando himnos en la escena de la conflagración en Francia. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que un acto de culto público tan descarado ha tenido lugar en esas calles? Como antiguo residente de Europa occidental, este fue uno de los momentos más conmovedores en medio de toda esta terrible ordalía.

Estoy seguro de no ser el único que pensó en las palabras de Jesús con respecto al templo en Jerusalén mientras observaba cómo se quemaba este templo en particular en París. En una escena que indignó a las multitudes y autoridades religiosas de su época, Jesús «purificó el templo», expulsando a todos los comerciantes y cambistas con un látigo hecho a mano, volcando sus mesas y esparciendo sus monedas por el suelo empedrado (Juan 2:13-17).

Photo credit: Philippe Wojazer/AFP/Getty Images

 

Cuando estos líderes religiosos exigieron una señal para esta manifestación precipitada de autoridad, Jesús dijo el famoso: «Destruye este templo y en tres días lo levantaré» (Juan 2:19). Esta respuesta críptica se recibió con incredulidad: «En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás?» (Juan 2:20). Lo que estos hombres y su mente literal no se dieron cuenta fue que Jesús estaba hablando sobre el «templo de su cuerpo», y que su futura resurrección revelaría la verdadera majestad de sus palabras para aquellos que creen en él. De hecho, el texto deja claro que los discípulos entendieron las palabras de Jesús solo en retrospectiva: » Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho (verso 22).

Es un gran alivio saber que el daño a Notre-Dame no fue tan extenso como inicialmente se temía. Desde la rápida respuesta de los bomberos, hasta de los líderes de la ciudad y de muchos ciudadanos preocupados, los esfuerzos de rescate han sido prácticamente heroicos. Pero el hecho sigue siendo que un gran y antiguo tesoro ha sido comprometido, y el ver a Notre-Dame en llamas fue un claro y duro recordatorio de tanto su valor como de su impermanencia.

Miro las secciones carbonizadas de esta gran catedral y recuerdo las maravillosas y extrañas palabras de Cristo: «Destruye este templo y en tres días lo levantaré». El nuestro es un mundo de innumerables maravillas; también es un lugar de impermanencia innegable, un lugar donde «la polilla y el óxido corrompen, y donde ladrones minan y hurtan» (Mateo 6:19). En estos momentos solemnes, podemos mirar a Cristo, cuya muerte y resurrección nos muestran que, aunque la muerte y la destrucción son motivo de lamento, no tendrán la última palabra. Nuestros templos terrenales se derrumbarán, pero el templo del cuerpo de Cristo perdurará para siempre.

Traductora Voluntaria: Mariela Benites

*Cameron McAllister es un orador itinerante en RZIM. Es el anfitrión del podcast Vital Signs, un podcast semanal que explora los signos de la vida en la cultura de hoy, y el coanfitrión (con Nathan Rittenhouse) de Thinking Out Loud, un podcast que considera los eventos actuales y la esperanza cristiana. Sus críticas de cine y televisión han aparecido en Christianity Today y Think Christian. Se graduó en Filosofía y Religión en Toccoa Falls College y recientemente obtuvo una maestría en apologética cultural en la Universidad Bautista de Houston.

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