Reflexión del Día del Padre: ¿Qué clase de padre y amigo serás?

**Artículo de Nathan Rittenhouse

 

Mi padre a menudo bromeaba que estaba peleado con los Osos Berenstain. Puedo ya percibir la reacción de horror en muchos de ustedes ante lo que aparenta ser un reproche a uno de los pilares de la literatura infantil. Mas ahora, mientras leo estos cuentos a mis hijos, también lo puedo ver; Papa Oso es un fracaso en cosas sencillas como andar en bicicleta [1] y elegir un sitio para un día de campo [2]. Incluso causa problemas mientras duerme [3], y la lista se alarga a medida que trastabilla por los cuentos tratando de actuar como si tuviese todo bajo control. En las ediciones más antiguas de la serie, Papá Oso es de buen corazón, pero incompetente (si no estás familiarizado con estos cuentos no te preocupes, Mamá Oso y los cachorros siempre solucionan el problema y rescatan el día).

El Día del Padre algunos recuerdan a padres que resolvían problemas y otros recuerdan a padres que causaban problemas. Hay quienes en este día desean llegar a ser como su padre, y aquellos que jamás llegaron a conocerlo. Es un día emocional ya que puede causar que se abran viejas heridas y  los buenos recuerdos pueden producir lágrimas. La complejidad de nuestra relación con nuestro padre hace difícil encontrar las palabras que expresen lo que estamos pensando y sintiendo, porque quizás, a decir verdad, no estamos completamente seguros.

Reconocemos la generosidad de la paternidad aunque no tengamos un buen padre. Es interesante escuchar a quienes refieren que alguien fue «como un padre para mí». Por lo general, no hablan de fortaleza y protección, o de dinero y recursos, sino de alguien que dedicó tiempo para hablar con ellos y enseñarles, que mostró un interés genuino y dio un buen consejo.

La Biblia no está repleta de padres ejemplares —probablemente porque relata historias de la vida real— pero si nos da una pauta para evaluar a un padre. Nos habla de la constancia de Dios como punto de referencia para la paternidad, y menciona a los padres terrenales principalmente como aquellos que enseñan a sus hijos. No siempre son elogiados por poseer la espada más afilada o el corcel más raudo, sino por su papel en conferir sabiduría a la próxima generación.

Es fácil apreciar por qué mi padre alzaba la vista al cielo ante la imagen de Papá Oso. Mi padre me enseñó cosas divertidas y variadas como conducir un monociclo, hacer exégesis bíblica, acampar y navegar sin GPS, dar apretones de manos firmes, mirar a la gente a los ojos y reparar motores pequeños. Incluso ahora, cuando me encuentro en algún apuro, mi primera llamada telefónica se inicia con «Oye papá… podrías… ¿Alguna vez…? ¿Cómo harías…?»[4].

Todos aquellos con padres excelentes y aquellos sin padre tienen algo en común. Ya sea que nuestros padres fueron poco fiables y charlatanes, o que fueron nobles y divertidos, no podemos cambiarlo o vivir en el pasado; debemos enfilar hacia el futuro. La Escritura nos enseña a apreciar el pasado, pero no a quedarnos atrapados en él. La cuestión no es «¿qué tipo de padre tuviste?», sino «¿qué tipo de padre y amigo serás?». Esto no se trata de un llamado a la perfección, es un recordatorio del impacto futuro que tendrás al transmitir la sabiduría que has acumulado acerca del mundo, quizá por medio de tu padre.

Traductor Voluntario: Enrique Treviño

**Nathan Rittenhouse es un orador itinerante de Ravi Zacharias International Ministries. Nathan cuenta con un M.Div. del Seminario Teológico Gordon-Conwell y le gusta disfrutar de una variedad de actividades al aire libre con su esposa e hijos.

[1] «La lección de bicicleta».

[2] «El día de campo de los osos».

[3] «La miel desaparecida».

[4] «Y también a veces llama a su papá».

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