Fragmento de “Siete mitos acerca de la soltería” de Sam Allberry parte 1

Este extracto del próximo libro de Sam Allberry*, 7 Myths About Singleness [siete mitos acerca de la soltería], comprende el primer capítulo del libro en el cual se aborda la primera idea equívoca acerca de la soltería: que es demasiado ardua. Parte 1

Si bien la soltería a menudo es fuente de mal entendido por parte de muchos en la Iglesia de hoy, y con frecuencia se le considera en términos negativos, la Biblia habla acerca de ella en términos muy diferentes. En 7 Myths About Singleness, Sam Allberry presenta una visión positiva de la soltería y responde a siete conceptos erróneos habituales. En este su primer capítulo se lee acerca del primer error: la soltería es demasiado difícil.

La soltería es demasiado difícil

En el ámbito cultural general, la soltería no constituye, en sí misma, un problema. Sin embargo, el celibato sí lo es. Es aceptable no ser casado, incluso puede ser ventajoso ser soltero y sin compromiso (aunque debo confesar que no tengo la menor idea de lo que esta expresión realmente significa). Pero, ¿vivir sin intimidad sexual o romántica?, eso ya es otra cosa.
Dos películas recientes realzan esta idea. Tomemos por ejemplo la comedia de Steve Carrell, Virgen a los 40 La premisa fundamental aquí es que ser virgen a los cuarenta años de edad es irrisorio. La gente queda horrorizada al enterarse de ello. Algunos lo tratan como si fuese una criatura ya que, después de todo, aún no se ha desarrollado de manera cabal. Y, por supuesto, la feliz conclusión consiste en que logra al fin perder su virginidad. A pesar de que el impacto que tiene sobre él es exagerado, el grano del asunto es valido: ha cruzado un umbral hacia un aspecto fundamental de la vida.

Otro ejemplo útil sería la película 40 días y 40 noches. La introducción lo dice todo: «Un hombre está a punto de hacer lo impensable. Abstenerse del sexo, de cualquier tipo, durante cuarenta días y cuarenta noches». Reflexionemos acerca esto un momento. Cuarenta días y cuarenta noches no se un periodo arbitrario de tiempo ni tampoco una forma arbitraria de describirlo. En los Evangelios encontramos a Jesús ayunando en el desierto durante «cuarenta días y cuarenta noches» (Mt 4,2). Los cristianos que observan la temporada de Cuaresma típicamente renuncian a algo durante el mismo período de tiempo. Cuarenta días y cuarenta noches se ha convertido en la unidad estándar de tiempo para aquellos que buscan, con seriedad, privarse de algo. Estamos dispuestos a renunciar a los chocolates, los carbohidratos, a los medios sociales o a la televisión, ¿pero tanto tiempo sin sexo? Impensable. Según mis cálculos, yo he multiplicado ese mismo periodo de tiempo unas doscientas veces, y más aún. Una vez es impensable, ¿pero doscientas veces? Sin duda, estoy fuera de serie. He escuchado a algunos describir a personas célibes, como yo, en términos de unicornios: se sabe de ellos, pero jamás nos imaginamos toparnos con uno.

En el trasfondo de la comicidad de esta películas yace una creencia que está ampliamente difundida a través del mundo Occidental: sin sexo no es posible experimentar lo que significa ser plenamente humano. De acuerdo con este criterio, nuestro sentido de la persona está directamente relacionado a nuestra vida sexual. Ignorar este aspecto nuestro, decidir deliberadamente no expresar y realizar esta faceta es, de hecho, causar un daño personal. Es un componente tan fundamental de nuestra humanidad que reprimirlo no es saludable. Los solteros a largo plazo no somos simplemente pintorescos y chapados a la antigua, probablemente también estamos embaucados. Hay algo funesto en nosotros.
Elegir vivir de esta manera es objetable en sí, pero es particularmente desagradable tener que soportar a aquellos que, en nombre de la religión, exigen tal cosa de otras personas. Llamar a otros a vivir en la abstinencia sexual fuera del matrimonio hoy día se considera una cosa innecesaria y cruel. Se critica a aquellos que desean hacer cumplir las enseñanzas Bíblicas acerca de la ética sexual por «exigir el celibato» a otros y, como resultado, causar un perjuicio grave.

Todo esto indica que necesitamos dejar perfectamente en claro lo que la Biblia realmente dice acerca de estos temas.

Jesús acerca del sexo y el matrimonio

Uno de los mitos predominantes de nuestros días es que Jesús era tolerante en cuanto a la ética sexual. Claro, piensa la gente, el Antiguo Testamento dice algunas cosas bastante estrictas sobre el matrimonio y la sexualidad y, evidentemente, el apóstol Pablo padecía lo equivalente a un mal momento teológico cuando escribió algunas de sus cartas; pero Jesús era mucho más tranquilo tocante estas cosas y no parece haber tenido ninguno de los complejos que sus seguidores actuales parecen tener.
Mas es una equivocación pensar que Jesús no tiene nada retador que decir acerca del sexo. De hecho, retoma aquella extensa ética sexual del Antiguo Testamento y la intensifica. Ante todo, Jesús define el sexo fuera del matrimonio como pecaminoso.

«Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre […]» (Mt 15,19–20).

Jesús está diciendo que es enteramente posible quedar contaminado, ser espiritualmente inaceptable ante Dios. En general, los fariseos, a quien se dirige Jesús, creían que la contaminación se parecía un poco a contraer un resfriado: siempre y cuando se evite a las personas y a los lugares infectados, es posible mantenerse saludable. Por lo tanto, hacían todo lo posible en cuanto al aseo ceremonial asó como para mantenerse alejados de personas que consideraban espiritualmente impuras. Mas, Jesús nos muestra que la contaminación no es primordialmente algo externo a nosotros sino interno. No existe fuera de nosotros y debe ser evitado, sino que se encuentra dentro de nosotros y debamos reconocerlo —surge del corazón. Ciertas actitudes y tipos de comportamiento reflejan esto, y Jesús nos proporciona una muestra de ellos: los malos pensamientos, el homicidio, el adulterio, la inmoralidad sexual, el robo, el testimonio falso y la calumnia.
No se trata de una lista completa sino de una lista representativa. En medio de esta lista aparece el término «inmoralidad sexual», que es la traducción de la palabra griega porneia, originalmente escrita por Mateo. Si acaso esta palabra suena un tanto familiar esto se debe a que es de aquí que nos llega la palabra pornografía. En tiempos de Jesús, porneia describía cualquier comportamiento sexual fuera del matrimonio. Incluía el sexo antes del matrimonio, la prostitución, el adulterio (que Jesús lista por separado), y el comportamiento homosexual. Este tipo se actividad sexual, afirma Jesús, nos contamina. Este no es el único tipo de comportamiento que contamina (como lo indica el resto de la lista) pero sí es uno de ellos. El sexo fuera del matrimonio es un pecado. En otras palabras, la inmensa mayoría —así lo sospecho— de la actividad sexual en la cultura de nuestros días Jesús la considera una falta moral. No parece ser tan sexualmente tolerante como se cree.

No obstante, las enseñanzas de Jesús son aun más retadoras que todo lo anterior. En su famoso «Sermón de la montaña», Jesús incluye las siguientes palabras:
«Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón» (Mt 5,27–28).
En esta sección del Sermón de la montaña, Jesús está contrastando las tradiciones de los educadores religiosos de aquel momento con la conducta que se rige desde el corazón, la cual Dios intenta fomentar con sus leyes entre su pueblo. Aparentemente, era costumbre enseñar la Ley primordialmente en términos de externalidades, pero Jesús muestra que su intención era que surgiese de profundidades mucho mayores. No es suficiente, nos dice, simplemente abstenernos de cometer físicamente el adulterio. Lo que Dios requiere son intenciones honorables y una actitud piadosa. No se trata únicamente de lo que hacemos (o aquello que nos las ingeniamos para no hacer) sino de lo que pensamos e incluso de cómo lo hacemos. Jesús no divulga la ley del Antiguo Testamento para ponérsela fácil para sus oyentes, lo que hace es subirle el volumen.


Otro fragmento que refleja esto mismo:«Entonces vinieron a él los fariseos, tentándole y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa? Él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre» (Mt 19,3–6).

Se le pregunta aquí a Jesús acerca del divorcio, pero su respuesta no aborda el divorcio; habla, en cambio, del matrimonio. Con este fin, Jesús retoma Génesis 1 y 2. Cuando nos dice, «Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó», se trata de una referencia a Génesis 1,27. En seguida cita Génesis 2,24: «Por tanto, dejará el hombre…» . Jesús deja en claro que al hacer referencia a los capítulos iniciales de las Escrituras no está simplemente buscando la sabiduría de los antiguos. Es de notar que es «quien los creo» quien dice, «Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer […]». Es el Creador mismo quien aporta este comentario acerca de la naturaleza del matrimonio. Nos encontramos, por lo tanto, ante el plan del Creador para la sexualidad humana. No se trata de la cumbre del saber humano, sino lo que ha diseñado el Supremo Hacedor para nosotros.

Y ese diseñó claramente indica que este molde divino para el matrimonio consiste en un hombre y una mujer unidos de por vida. Esto, nos dice Jesús, es la única unión que permite a dos personas ser «una sola carne», y no está diseñada para ser disuelta o revocada. Y a medida que Jesús continúa desentrañando el tema, y lo que implica en cuanto a nuestras ideas acerca del divorcio, sus discípulos responden de forma reveladora: «Le dijeron sus discípulos: Si así es la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse» (Mt 19,10).

Esto es bastante revelador y la razón es simple. He leído estas palabras incontables veces a lo largo de los años, pero no había reparado, sino hasta hace poco, en que cuando Jesús habla de lo que es el matrimonio, en realidad está disuadiendo a las personas de contraer nupcias. Los discípulos se dan cuenta de la seriedad del matrimonio, quizá sería mejor dejarlo a un lado, piensan. Se les antoja muy parecido a un compromiso. Su reacción se entiende, pero me dejó pensado. Una de las ventajas de ser pastor es poder predicar en bodas con bastante frecuencia. No obstante, jamás se me ha acercado alguien después de haber predicado acerca del matrimonio y su significado a decirme, “tal vez sería mejor no casarse”. Me pregunté si realmente estaba enseñando el concepto de Jesús en cuanto al matrimonio. No es este un estándar despreocupado en lo que concierne al sexo y al matrimonio.

La respuesta de Jesús a sus discípulos parece recalcar esto mismo: «Entonces él les dijo: No todos son capaces de recibir esto, sino aquellos a quienes es dado» (Mt 19,11).
Los estudiosos debaten acerca de si «recibir esto» se refiere a la totalidad de lo que Jesús había estado enseñando o a lo que los discípulos acaban de decir en respuesta a su enseñanza. Si se trata de lo primero, Jesús está recalcado que la norma cristiana para el matrimonio no es para todos; se desprende de aquí lo que dice a continuación acerca de la vida célibe como alternativa. Si Jesús se está refiriendo a lo segundo —a la observación de los discípulos acerca de que sería mejor no casarse— nos está diciendo entonces que no todos podrán vivir el camino que se aconseja, aunque algunos sí lo lograran y por ende los comentarios acerca de los eunucos. Respecto a la primera interpretación, es la visión cristiana del matrimonio lo que será difícil de aceptar; en relación con la segunda interpretación, es la visión cristiana de la soltería lo que será difícil aceptar.

En cierto sentido, la diferencia no es mucha. Lo cierto es que el matrimonio puede ser difícil y también la soltería. Cada cual tiene sus propios desafíos. Ninguna de las dos opciones es la más fácil, y los desafíos del matrimonio son muy diferentes de los desafíos de la soltería. Mas, yo sugiero que Jesús se está refiriendo a lo que acaba de enseñar. Esta palabra es difícil para muchos escuchar y recibir.
Si los discípulos esperaban que el vigor de su reacción pudiese obligar a Jesús a rectificarse de alguna forma, lo que recibieron como respuesta debe haberles caído como una bofetada en el rostro. Jesús no modera su postura. Asiente implícitamente con lo que han dicho acerca del matrimonio: es duro. ¿Cuál es la solución? Es interesante que no se trate de la convivencia, sino del celibato. Jesús prosigue: «Pues hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que son hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos» (Mt 19,12).

Los eunucos eran hombres célibes en la época de Jesús, particularmente aquellos que habían sido emasculados. Jesús muestra primero que algunos eran eunucos involuntarios: nacieron de esa manera o fueron creados por otros. Mas junto a estos, algunos estaban dispuestos a renunciar al matrimonio por elección personal. Barry Danylak señala que, «Al utilizar el término eunuco, Jesús muestra que se trata de algo más que simplemente no casarse, sino más bien hacer a un lado el derecho al matrimonio y a la procreación. Jesús sugiere aquí que hay ciertas personas que renunciarán voluntariamente a las bendiciones tanto del matrimonio como de la descendencia por el bien del reino de Dios». Abordaremos esto en más detalle a su debido tiempo, por ahora quiero simplemente reparar en lo siguiente: cuando los discípulos plantean la posibilidad de no casarse, Jesús les habla acerca de ser eunucos. Para él, esa es la única alternativa piadosa al matrimonio. Todas estas son afirmaciones son retadoras, pero son bastante claras.

Para resumir estos tres fragmentos:
• El sexo fuera del matrimonio es pecaminoso (Mt 15,19).
• El pecado sexual incluye no solo el acto físico, sino también nuestros pensamientos y actitudes (Mt 5,28).
• El matrimonio es entre un hombre y una mujer, para toda la vida, y la alternativa piadosa es ser célibe (Mt 19,4–5. 10–12).
Jesús, por lo tanto, no es tan tolerante con la sexualidad como se imagina la gente hoy día. Lejos de relajar las tradiciones judaicas acerca de la ética sexual, derivadas del Antiguo Testamento, de hecho las intensifica. Para quienes desean seguirlo, permanecer sin compromiso matrimonial ciertamente implica la soltería y la abstinencia sexual.

Traductor Voluntario: Enrique Treviño III

*Sam Allberry es pastor y escritor residente en Maidenhead, Reino Unido, y conferencista internacional para RZIM. Es editor y escritor en The Gospel Coalition (Coalición por el Evangelio) y autor de varios libros entre ellos: Why Bother With Church?, James For You, y el bestseller Is God Anti-Gay?

 

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